Cómo producir según la demanda ayuda a evitar el desperdicio alimentario

Cómo producir según la demanda ayuda a evitar el desperdicio alimentario

Diez iniciativas empresariales innovadoras contra el desperdicio alimentario

Combatir el desperdicio alimentario no consiste únicamente en encontrar un destino para los excedentes. La mayor oportunidad está en evitar que aparezcan: producir según la demanda, conservar mejor los alimentos y venderlos mientras mantienen su calidad. Cuando eso no es posible, las empresas pueden redistribuir los productos aptos para el consumo o transformar los restos inevitables en nuevos recursos.

La magnitud de la crisis amerita intervenir en la totalidad de la cadena. De acuerdo con cálculos de Naciones Unidas, durante el 2022 se desecharon cerca de 1.050 millones de toneladas de comida en los hogares, el sector de la restauración y los establecimientos de venta al por menor. A continuación, se presentan diez proyectos corporativos que hacen frente a los diversos factores del desperdicio y brindan beneficios económicos, sociales y ecológicos.

1. Previsión de la demanda para producir y comprar mejor

Las empresas pueden combinar datos históricos de ventas con información sobre festivos, clima, promociones y acontecimientos locales para calcular cuánto necesitarán cada día. Una panadería, por ejemplo, puede ajustar sus hornadas según el comportamiento de cada establecimiento, en lugar de repetir una cantidad fija toda la semana.

La innovación no radica en acumular datos, sino en transformarlos en decisiones operativas: qué volumen adquirir, elaborar y reponer. Para valorar el resultado resulta conveniente analizar tanto los kilogramos desechados como las ventas no concretadas por roturas de stock. Disminuir el desperdicio a cambio de descuidar la atención a la clientela no constituiría un progreso integral.

2. Precios variables para productos próximos a su fecha límite

Un establecimiento comercial tiene la posibilidad de aplicar rebajas progresivas a aquellos artículos próximos a su vencimiento o fecha de consumo preferente. En caso de que sus plataformas logren reconocer el inventario y los plazos por lote, las ofertas se adaptarán tomando en cuenta el periodo restante y el nivel de demanda de cada mercancía.

La distinción entre ambas fechas es esencial: una vez superada la fecha de caducidad, el alimento no debe venderse ni consumirse; la fecha de consumo preferente se refiere principalmente a la conservación de sus cualidades. Eroski y otras cadenas han utilizado ofertas para facilitar la venta de productos próximos a sus fechas indicadas. El beneficio depende de que el descuento llegue a tiempo, no cuando el producto ya ha perdido atractivo.

3. Lotes de excedentes vendidos mediante reservas digitales

Los negocios de hostelería, obradores y comercios minoristas tienen la oportunidad de comercializar al cierre del día aquellos productos alimentarios sobrantes mediante lotes a coste rebajado. Mediante la reserva previa, los establecimientos anticipan la cantidad exacta de porciones que van a entregar, optimizando así las labores del equipo de trabajo. Una muestra de este modelo es Encantado de Comerte, iniciativa que vincula comercios con consumidores dispuestos a aprovechar este excedente.

Este modelo rinde a la perfección con mercancías listas para su comercialización inmediata. Demanda, no obstante, franjas horarias de retirada bien definidas, datos sobre alérgenos si procede y un filtrado riguroso: un excedente debe seguir siendo seguro y apto para el consumo.

4. Donación organizada con trazabilidad

Donar alimentos no constituye una solución improvisada para vaciar almacenes. Las compañías que alcanzan un desempeño superior establecen convenios estables con entidades sociales, prevén los productos disponibles con anticipación y planifican la logística de acuerdo con sus requerimientos de conservación. Mercadona, por ejemplo, sostiene alianzas de donación de comida con organizaciones sociales.

Un sistema eficaz registra qué se dona, en qué cantidad, cuándo se entrega y bajo qué condiciones debe conservarse. Así se facilita la seguridad alimentaria y se evita trasladar a una entidad receptora productos que no puede distribuir a tiempo. La donación complementa la prevención: primero conviene corregir las causas del excedente recurrente.

5. Plazas de abastos y canales alternativos para productos agrícolas que no cumplen los cánones estéticos

Una fruta pequeña, una zanahoria torcida o una hortaliza con una forma poco habitual pueden tener la misma utilidad culinaria que sus equivalentes de aspecto uniforme. Algunas empresas crean canales específicos para vender estos productos frescos; otras los dirigen a cocinas, fábricas de conservas o servicios de alimentación colectiva, donde su apariencia exterior importa menos.

La oportunidad empresarial radica en localizar compradores idóneos y coordinar la logística y el traslado sin que los gastos superen el valor rescatado. Asimismo, resulta fundamental explicar con transparencia la razón de la rebaja: aspecto diferente no significa menor seguridad ni necesariamente menor calidad.

6. Nuevos alimentos elaborados con subproductos comestibles

Los procesos alimentarios generan partes que a menudo se aprovechan poco, aunque todavía sean aptas para el consumo: recortes de verduras, pulpas de frutas o determinados subproductos de cereales. Con controles adecuados, pueden convertirse en ingredientes para cremas, salsas, productos de panadería o aperitivos.

Esta iniciativa puede abrir una nueva línea de ingresos, pero exige más que una receta atractiva. Hay que comprobar la estabilidad del ingrediente, su composición, los posibles alérgenos, el etiquetado y la capacidad de producirlo de forma constante. Además, no todo subproducto es un alimento: su aprovechamiento debe respetar la normativa aplicable.

7. Envases que prolongan la vida útil sin aumentar el impacto total

Los envases avanzados consiguen proteger determinados alimentos frente al oxígeno, la humedad o los desperfectos durante su traslado. Asimismo, en ciertas ocasiones, un formato resellable contribuye a impedir que los productos se deterioren una vez abiertos.

La decisión requiere un análisis de amplio alcance. Incorporar suministros únicamente cobra sentido cuando la disminución de mermas compensa con creces su producción, empleo y posterior tratamiento. Para cualquier compañía, el test más práctico radica en contrastar partidas similares: durante cuántos días conservan el estándar fijado, qué volumen de género se desecha y qué destino final recibe el embalaje tras su ciclo útil.

8. Sensores para vigilar la cadena de frío

Una incidencia repentina en un camión refrigerado o en un depósito frigorífico es capaz de arruinar grandes volúmenes de mercancía perecedera. Gracias a los dispositivos que vigilan los grados térmicos y lanzan avisos automáticos, resulta factible actuar con margen de maniobra antes de que se pierda la totalidad del cargamento. Asimismo, estos sistemas facilitan la tarea de identificar el lugar exacto en el cual se originó el fallo.

Su valor depende de un protocolo de respuesta: quién recibe el aviso, cuánto tarda en actuar y cómo se decide el destino del producto afectado. Los registros facilitan la trazabilidad, pero no sustituyen la evaluación de seguridad alimentaria. Son especialmente útiles en cadenas con varios traslados o productos muy sensibles a las variaciones de temperatura.

9. Medición de residuos en cocinas profesionales

Un restaurante puede pesar y clasificar lo que desecha durante la preparación, lo que sobra tras el servicio y lo que dejan los comensales. Al separar estas causas aparecen soluciones diferentes: cambiar el tamaño de las raciones, adaptar las compras o modificar una receta que se pide mucho pero se consume poco.

Una medida sencilla es registrar durante varias semanas los kilos descartados por cada cien comidas servidas. Ese indicador permite comprobar si los cambios funcionan aunque varíe el número de clientes. La clave está en compartir los resultados con cocina, compras y sala: ninguna de esas áreas puede resolver el problema por sí sola.

10. Aprovechamiento de los restos inevitables

Incluso tras prevenir, comercializar y redistribuir, sobran secciones no aptas para el consumo o excedentes que no logran canalizarse hacia la nutrición de las personas. Varias compañías los apartan con el fin de elaborar abono, generar energía a través de digestión anaerobia o darles otros destinos permitidos.

La innovación aquí reside en crear recogidas limpias y constantes, capaces de suministrar material de calidad a las plantas de tratamiento. Mezclar restos orgánicos con envases dificulta su aprovechamiento y eleva los costes. Esta vía ocupa el último lugar por una razón: recuperar recursos es valioso, pero evitar la pérdida de alimentos aptos suele ser mejor.

¿Cómo detectar un proyecto que de verdad funcione?

Una empresa debería comparar sus resultados antes y después de cada medida y distinguir entre alimentos prevenidos, vendidos, donados y tratados como residuos. También conviene registrar los costes de personal, transporte y tecnología, además de comprobar que se mantienen la seguridad alimentaria y la calidad del servicio.

Las diez propuestas reflejan que no hay una única respuesta. La planificación disminuye el sobrante desde el principio; las rebajas y los canales inéditos conservan los víveres en movimiento; la entrega solidaria incrementa su valor comunitario; y la reutilización de los desperdicios remata lo que no se logró prevenir. La compañía más vanguardista no va a ser forzosamente la que despliegue mayor tecnología, sino aquella que sepa elaborar, comercializar y preservar de forma óptima, logrando avalarlo mediante hechos.

Por Ricardo Pérez